Azzedine Alaïa, adiós al último couturier

Naomi Campbell hace su aparición sobre la pasarela en la Alta Costura de París. Vestida de Azzedine Alaïa, su “padre” en la industria y descubridor, ambos nos regalan uno de esos “momentos de moda” que cuando ocurren –desgraciadamente cada vez menos a menudo– se quedan en la retina por siempre. Hablamos del último show de Azzedine Alaïa (Túnez, 1940-2017), celebrado el pasado mes de julio. Tras cuatro años sin desfilar – crítico con las imposiciones del mercado, se negó a seguir las temporadas–decidió volver a mostrar su talento sobre la pasarela. Este sábado, volvía a emocionar al mundo de la moda, en esta ocasión tocaba llorar su marcha en lugar de aplaudir su regreso.

Azzedine Alaïa junto a Naomi Campbell. Fotografía de Gilles Bensimon, 1987.

Azzedine Alaïa junto a Naomi Campbell. Fotografía de Gilles Bensimon, 1987.

El diseñador tunecino, falleció la madrugada del sábado, 18 de noviembre, a los 77 años a consecuencia de una fatal caída por la que llevaba varios días en coma. La noticia deja huérfana a la industria de la moda, arrebatándole a uno de sus nombres más ilustres. Para muchos el último gran couturier. Rebelde y libre, reinventó la silueta femenina en los 80 y se atrevió a desafiar al frenético sistema. Nuestro sentido homenaje va en forma de cinco razones, esas que le han convertido en único e irremplazable.

Azzedine Alaïa, vestido

Los ajustados vestidos a base de bandas laterales, como este que luce Christy Turlington, se convirtieron en insignia del diseñador.

Dotó a la moda de una dimensión artística

Devoto del cuerpo femenino, sus prendas parecen esculpirlo. Una característica no casual, teniendo en cuenta que antes de dedicarse al diseño estudió arquitectura en la Escuela de Bellas Artes de Túnez. Movido por la belleza que observaba en las revistas de moda de su hermana decidió convertirse en diseñador. Nunca usó bocetos, trabajaba sus creaciones directamente sobre el cuerpo o el maniquí como si de una escultura se tratase. Y como ocurre con los grandes escultores, “jamás ninguna de sus piezas queda anticuada”, confiesa Mark Wilson, curador en distintas exposiciones dedicadas a Alaïa.

Azzedine Alaïa

El modisto trabajando en uno de sus diseños.

Hizo suya la palabra libertad

Ni siquiera la compra de su firma por el gran grupo Richemont le hizo supeditarse a los mandamientos de la industria. Ni seguía las tendencias, ni diseñaba para las temporadas. “Solo presento una colección cuando tengo algo realmente bueno que mostrar”, aseguraba. Odiaba el calendario actual, que a penas deja respirar al diseñador entre desfile y desfile. Esa férrea defensa de la libertad individual, que le caracterizó durante toda su carrera, traspasó el ámbito de la moda. Un ejemplo: cuando fue galardonado con la Legión de Honor, máxima condecoración francesa, decidió rechazarla al no sentirse identificado con las políticas del entonces presidente Sarkozy.

Su amor: las mujeres

Todos los que le conocieron destacan su devoción por las mujeres, su afan por embellecerlas, por hacerlas sentirse poderosas enfundadas en sus vestidos. “Él diseña lo que las mujeres quieren”, dijo una vez la modelo Imán, refiriéndose a Alaïa. Como los modistos de antes, seguía recibiendo a las clientes en su taller.

Creó a las supermodelos

Top models o supermodelos, solo un selecto grupo logró acompañar su nombre de dicho apelativo, que con connotación de celebrity fue acuñado por el propio Alaïa. “Él fue quien abrió las puertas de su casa a las modelos que empezaban por entonces: Christy Turlington, Stephanie Seymour, Naomi Campbell…¡Hasta supervisaba si se iban de fiesta!”, desvelaba la periodista Suzy Menkes.

Azzedine Alaïa

Algunas de las top models de los 90, entre ellas Carla Bruni, Nadège o Yasmeen Ghauri, posan para Vogue en 1991 con diseños de “animal print” de Azzedine Alaïa.

Estando en lo más alto continuó siendo humilde

“Además de ser un genio creativo fue una de las personas más dulces que he conocido”, decía, vía Instagram, Cindy Crawford. “Te echaremos de menos por siempre, te queremos”, escribía el diseñador Alber Elbaz tras conocer la pérdida. “Era un verdadero maestro. Pero más que eso, era una persona maravillosa”, destacaba la maquilladora Pat McGrath. Una pequeña muestra de los comentarios que, dada su timidez y conocida humildad, sonrojarían al diseñador en vida y que destacan su grandeza profesional y personal. 

 

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